miércoles, 14 de junio de 2017

CUMBRES DE ENTRENAMIENTO II

CERRO ÁSPERO (2251m) : "EL PATIO DE JUEGOS DE LA CIUDAD"

La primera vez que subí este cerro, fue hace más de ¡cuarenta años!. No recuerdo exactamente la fecha, pero si tengo presente recuerdos del ascenso junto a mis hermanos y llevados por mi padre. Salíamos desde el antiguo Puesto San Isidro, en tiempos que el acceso era totalmente libre. En la adolescencia, cuando el andinismo pasó a ocupar la mayor parte de mis pensamientos, volví varias veces ya sea llevando amigos o de camino hacia otros objetivos de la zona, como el Mesillas. Recuerdo en una ocasión, lo encaramos desde la quebrada del Arco, a falta de una movilidad para llegar hasta San Isidro. Concluyó sin cumbre y bastante raspados por la espinosa y espesa vegetación de la vertiente norte. La última vez que lo subí fue en abril de 2007, saliendo desde la “Puerta de la Quebrada”, tardando poco menos de 3 horas para el ascenso y 2 para el descenso. Había ido en plan “montaña”, con botas de trekking, mochila, cámara de fotos, etc, tal y como uno encara un cerro en plan de ascensión.
Diez años pasaron desde mi última visita, prueba de considerar a la precordillera como un terreno para entrenar más que como un fin en sí mismo. Hoy con poco tiempo disponible, vuelvo a redescubrir aquellos senderos que alguna vez caminé (y otros que no me había fijado) a fin de hacer más entretenido y movitado el entrenamiento. Ese eterno plan de entrenamiento que uno tiene en la cabeza, con la idea de estar en condiciones, para cualquier objetivo que a uno se le ocurra. 
 En la fría y soleada mañana de domingo, la playa de estacionamiento de “Puerta de la Quebrada” está a full. Mucha gente se hace presente en el lugar para su “peregrinación semanal” al Arco. Mi objetivo es el mismo de una década atrás, aunque en un plan diferente: voy de zapatillas, pantalón corto, buzo y una mochila pequeña. La idea es subir y bajar lo más rápido que pueda, en un plan similar al que utilizo en el Arco como entrenamiento. Desde el letrero del Club Andinista Mendoza, aprieto el cronómetro para medir el tiempo de ascenso. Voy caminando rápido, no corriendo, midiendo el esfuerzo que hay por delante. A los pocos metros hay que dejar el camino e ingresar a la quebrada. Justo antes de llegar a la pared de roca naranja donde se practica escalada en roca, nace el sendero del Áspero. Este sendero está bien marcado y va ganando altura cresteando algunos pequeños filos hasta que alcanza el filo principal del cerro. Esta parte es bastante empinada y no permite llevar un paso más que caminando. Más arriba el sendero ya ha ganado la parte alta del filo que permite correr en las partes más horizontales. A esta altura me alcanza una persona que viene a un ritmo muy rápido, corriendo casi todo el tiempo…¡me pasa como si estuviera parado!
Cuando alcanzo la segunda parte plana del filo, aparece la típica “joroba” de la cumbre del Áspero. Ya por lo menos no queda tanto y me entusiasmo para terminar, aunque la última trepada es bastante dura. Aquí me cruzo con el “velocista” que me había pasado, que ya viene descendiendo. Después de una hora y cuarenta y cinco minutos alcanzo la cumbre. Aunque el aire está frío, me tomo unos minutos para tomar y comer algo y de paso, escribir mi testimonio. Si bien he subido a modo de entrenamiento, no deja de ser todavía una clásica cumbre en la que tomarse unos minutos para disfrutar del paisaje, revisar la pirca de cumbre para ver cual fue el último ascenso registrado y por supuesto continuar con la tradición de dejar asentado el propio. E inevitablemente surgen algunas reflexiones. Este clásico objetivo, elegido desde hace décadas casi exclusivamente por montañistas, es hoy en día también un objetivo para otros deportistas, como los corredores de montaña. ¿Cómo hacer para que costumbres como el “testimonio de cumbre” no se pierdan? Es difícil que esta costumbre permanezca en lugares que son visitados por personas de diferentes “colectivos”. Así pasó hace años con el Arco (un cerro ahora plagado de antenas no motiva a dejar absolutamente nada) y lo experimenté también en el Gateado hace unos meses atrás, al no encontrar nada en la pirca de cumbre.
El auge de los deportes de “aventura”, actividades “outdoor”, y el famoso “running” ha llevado a que más gente frecuente los cerros cercanos a las ciudades. Y eso es positivo, para todas las personas que pueden vivir más en contacto con el medio natural. Lo que sí sería ideal, es buscar la manera que aquellas buenas costumbres del “colectivo montañero” puedan contagiarse a los nuevos usuarios de este espacio natural. Y entre esas costumbres, no solo está el dejar “testimonio de cumbre” (como una forma de estadística o registro de visitas de las solitarias cumbres mendocinas). También están: el “bajar la basura”, “no prender fuego”, “no cortar flora autóctona”, “no atentar contra la fauna”. Si bien nuestra montaña es extensa, hay lugares y recorridos donde la concentración humana es importante por lo que deberemos buscar la forma de usar responsablemente el ambiente que visitamos. 
 El aire frío motivó a que apurara el descenso y dejara para después estos pensamientos. Aprovecho todos los planos posibles para correr, al mejor estilo de mi niñez, cuando bajaba corriendo los cerros con mis hermanos. Quizás hoy con una mirada y conciencia diferente, pero con la misma sensación de “volar” entre jarillas y espinillos. Una hora y veinte minutos más tarde estoy llegando al auto, cansado, pero contento de seguir con estos “redescubrimientos”.

RECOMENDACIONES
Conviene dejar el vehículo en el estacionamiento de “Puerta de la Quebrada”, queda guardado en lugar seguro y cuidado.
Para ir al Áspero hay que registrarse en “Puerta de la Quebrada” ya que se ingresa a terrenos privados.
La ascensión al cerro Áspero toma normalmente de 3 a 4 horas de ascenso y 2 o 3 de descenso. Para quienes se inician en la actividad conviene disponer de la jornada completa.

Ya que el ascenso se realiza en un ambiente de montaña, sin más señales que un sendero y algunas pircas o apachetas que señalan el camino, requiere de cierta capacidad autónoma para realizar nuestra actividad. Por más que estemos cerca de la ciudad y de una buena cantidad de gente que visita el cerro Arco, al mismo tiempo aquí no encontraremos a nadie. Por lo tanto debemos ser capaces de subir y bajar sin problemas por nuestros propios medios.

Y por último, no dejemos rastro de nuestro paso. La montaña no necesita de nuestra presencia, pero nosotros sí necesitamos de la presencia de nuestras montañas!

miércoles, 31 de mayo de 2017

EXPLORACIÓN EN EL CORDÓN DEL TIGRE








La exploración de nuevos cerros, cumbres, rutas implica incertidumbre. Y eso es precisamente lo que más atrae de esta actividad. De esta manera cuando se logra el objetivo, la satisfacción es mayor, justamente por la incertidumbre previa.




La tarea comienza en casa, estudiando el objetivo, su ubicación, la distancia y desnivel a recorrer, y el terreno que presenta. Es ahí donde uno compara con otras ascensiones realizadas para saber si es posible lo que todavía son puras “especulaciones”. Y cuando se trata de ascensiones “en el día” desde la ciudad de Mendoza, a algún nuevo objetivo que no conozcamos sobre la ruta a Chile la cosa se complica. Porque esos objetivos cada vez están más alejados de la ruta (los más cercanos ya los hemos subido) o los que quedan ofrecen algún tipo de dificultad en su aproximación o ascensión.
Así y todo, para cuando la ocasión lo amerita, desempolvamos alguno de los “pendientes” y no queda otra que buscar a algunos “cómplices”. En este caso fueron  dos personajes de lujo: Lito Sánchez y Heber Orona. Hace algunos años atrás, nunca hubiera pensado que algún día iba a terminar saliendo a la montaña con estos dos “pedazos” de montañistas! Entre otros logros Lito es el primer argentino en un “ochomil” (Daulaghiri 1990) y primer latinomaericano en un ochomil en invierno (Cho Oyu 1992) y Heber es el primer argentino en el Everest  sin O2 ni sherpas (1999) además de ser el primer argentino en las “7 cimas” (2006).
Un domingo de fines de otoño salimos bien temprano de la ciudad de Mendoza. A las 8.25hs, luego de echar un vistazo a nuestro objetivo, dejamos el vehículo en cercanías de la ruta internacional. El cerro que queremos subir está del otro lado del río Mendoza, por lo que nos vemos obligado a caminar unos kilómetros antes de entrar a nuestra quebrada. Estamos en el extremo sur del cordón del Tigre, ese hermoso telón de fondo del valle de Uspallata, por cierto bastante olvidado para los montañistas. Pueda ser que el proyecto de Parque Polvaredas algún día pueda ver la luz, y esa hermosa región de los Andes pase a ser respetada y tenida en cuenta por todos.

La idea del ascenso es bastante sencilla en Google Earth. Ese mundo virtual, hace ver sencillo hasta los objetivos más complicados! Hay que seguir un pequeño arroyo en una quebradita muy encerrada para luego desembocar en un vallecito de altura al pie de nuestro cerro. El desnivel es importante, más de 2000m, por lo que sabemos que el día va a ser largo…Las horas van pasando, vamos devorando metros pero el terreno se presenta bastante trabado. El arroyito que seguimos tiene hielo en los márgenes y hay que andar con cuidado para evitar patinazos. Recién tres horas después de salir podemos sentarnos a recibir los primeros rayos de sol. Es tan encerrado el lugar que los rayos de sol en esta época del año no alcanzan el fondo de la quebradita. Un poco más arriba alcanzamos el terreno nevado, y vamos tomando conocimiento de las condiciones de la nieve. Las tormentas han sido bastante recientes y las bajas temperaturas y escasa radiación no han colaborado para que el manto níveo se transforme. Así que vamos haciendo un surco en una nieve totalmente inconsistente. Como si nunca lo hubiéramos hecho, como si nunca hubiéramos salido en otoño, como si no supiéramos que en esta época encontraríamos esta nieve, nos ponemos a prueba una vez más a subir cerros con estas condiciones. Pasado el mediodía y bastante más tarde de lo que calculábamos, alcanzamos el final del vallecito al pie de nuestra cumbre. El lugar es hermoso, a pesar de estar todo cubierto de este manto inconsistente donde nos hundimos más de la cuenta. En algunos sectores la nieve se está “acartonando” y podemos caminar sin hundirnos tanto. Pero en general, no queda otra que tomárselo con calma y esfuerzo. Nuestra cumbre presenta un suave perfil triangular de rocas naranjas que nos llama a que “demos todo” para alcanzarla. Así es que después de probar bocado y reponer líquidos, encaramos la pendiente final que nos lleva al filo divisorio de aguas del cordón del Tigre. Desde abajo se adivina una subida tediosa, dado que al estar a “sotavento” aquí se ha acumulado bastante nieve.






Al principio vamos ganando metros buscando los sectores más “consistentes”. Pero después no queda otra más que comenzar a nadar en esa nieva honda. Ya las sombras de la tarde nos han alcanzado y hay que mantenerse en actividad para no enfriarse. La lucha es desigual pero lo que no sabe la montaña es las ganas que tenemos de alcanzar de una vez por todas el filo iluminado por el sol. A las 5 de la tarde alcanzo por fin el filo y mientras espero a mis compañeros me caliento con los inclinados rayos otoñales. La cumbre desde aquí no se ve muy lejos pero la hora avanzada no deja mucho margen de dudas. Cuando llegan mis compañeros evaluamos que hacer. No dudan en apoyar la moción de seguir a costa de bajar de noche. Así que sin dudarlo mucho recorremos el filo hasta la base de la pirámide final. Pero tras esta media hora de actividad recorriendo el filo y viendo que la cumbre no cambia mucho de perspectiva nos hace recapacitar  y lo que parecía cercano no es tan así. A las 6PM debemos rendirnos a la evidencia: ¡el sol está por ocultarse detrás del Aconcagua y nosotros aún sin pisar la cumbre! Y lo mejor de todo que pretendemos llegar esta misma noche a la ciudad de Mendoza. Sin dudarlo damos por terminado nuestro intento muy a pesar del esfuerzo realizado. Sólo nos tomamos un par de minutos para tomar fotos y ya estamos descolgándonos por la nieve honda del filo.Sabemos que no queda más que unos cuarenta minutos de luz de día para tratar de descender lo máximo posible. Tomamos una ruta más directa que en el ascenso y nuevamente estamos luchando en la nieve. El descenso es bastante cómodo en el sector con nieve, pero después de dos horas, ya estamos en el mar de rocas de la quebradita. Y empieza la tortura de nunca acabar…vamos sorteando obstáculos pensando que son los últimos pero siempre hay más! Recién a medianoche alcanzamos el valle del río Mendoza. Y todavía falta la caminata hasta el vehículo. Una vez más se pone a prueba la voluntad y le metemos pata para terminar con este largo día. Fueron 16 horas de actividad que para algunos les puede parecer una tortura pero para nosotros fue aprovechar este domingo al máximo, sabiendo que el lunes lo hemos empezado en la montaña!




martes, 14 de marzo de 2017

BUSCANDO CERROS

Esencialmente el andinismo es eso. Buscar montañas y subirlas. Y eso es suficiente trabajo, horas de estudio previo y verificación en el terreno. Y al pasar los años, ¡es cada vez más complicado encontrar cerros “a mano” para subir en un día… y que no hayamos ido! Mirando algunos mapas, revistas y páginas web, aparece un cerro llamado “Guardián del Portillo” al norte del “Tres Hermanos”, sobre el cordón de Límite. Y sin pensarlo mucho, un domingo de marzo decido ir a intentarlo. Se ve medio “mucho” para hacer en una jornada saliendo y volviendo a la ciudad, pero ¡es lo que hay! El cerro tiene poco más de 4500m, pero está como a 15km del punto donde dejaría el vehículo… Domingo a las 5:10 dejo la ciudad de Mendoza rumbo a Las Cuevas. Una ruta con poco tráfico facilita mucho las cosas y a las 7:40 estoy desayunando al lado del peaje de la boca del Túnel Internacional. Son las 8:00 cuando me pongo en marcha. Un día espectacularmente despejado tal como lo anunciaba el pronóstico. La ruta esbozada es sencilla, caminar unos cuantos kilómetros por la hermosa quebrada de Matienzo hasta el vallecito alto lateral que conduce al cerro. Sólo apurando el paso en la caminata por la quebrada es que se puede tener chances en el ascenso del cerro.
La villa Las Cuevas se despierta
Aún falta bastante para el vallecito
Faldeo por la margen izquierda
Cascada del Potrero Escondido

























Mirando algunos mapas, revistas y páginas web, aparece un cerro llamado “Guardián del Portillo” al norte del “Tres Hermanos”, sobre el cordón de Límite. Y sin pensarlo mucho, un domingo de marzo decido ir a intentarlo. Se ve medio “mucho” para hacer en una jornada saliendo y volviendo a la ciudad, pero ¡es lo que hay! El cerro tiene poco más de 4500m, pero está como a 15km del punto donde dejaría el vehículo…

Domingo a las 5:10 dejo la ciudad de Mendoza rumbo a  Las Cuevas. Una ruta con poco tráfico facilita mucho las cosas y a las 7:40 estoy desayunando al lado del peaje de la boca del Túnel Internacional. Son las 8:00 cuando me pongo en marcha. Un día espectacularmente despejado tal como lo anunciaba el pronóstico. La ruta esbozada es sencilla, caminar unos cuantos kilómetros por la hermosa quebrada de Matienzo hasta el vallecito alto lateral que conduce al cerro. Sólo apurando el paso en la caminata por la quebrada es que se puede tener chances en el ascenso del cerro.
Llegando al pie del Peñas Amarillas me alcanzan los rayos del sol. En poco más de dos horas y media paso al pie de la cascada del Potrero Escondido. No recordaba que el camino de la margen derecha era bastante más trabado que el de la margen izquierda. Quizás hubiese sido más rápido cruzar el río y manejarse por la otra margen… Hay huellas de guanaco que siguen ladeando al pie del Tres Hermanos y que dentro de todo permiten llevar un paso rápido, aunque el tramo desde la cascada se hace más largo de lo calculado. Cuando voy llegando a la altura del vallecito lateral, es bastante más tarde de lo que previsto. Y para colmo al haber venido por la margen derecha, no tengo la perspectiva necesaria para estudiar el ingreso a este vallecito. Sólo se ve un gran cono de deyección que cae por la izquierda y un tapón de morenas que descuelga sobre escalones rocosos. Y en el medio un pequeño arroyo con cascadita incluida.


Cerro Piloto y glaciar homónimo a 20km de distancia
Cajón del Cuevas frente al Potrero Escondido
Tramo medio del valle Matienzo, ya asoma el Pan de Azúcar
En la cascadita de la quebrada del Mogote
Desde la entrada del vallecito lateral, la mole del Nevado Matienzo en primer plano, el Tolosa asoma a lo lejos
Son muchas las ganas de montaña, así que a pesar del poco alentador panorama, voy ganando metros por el acarreo. Hay algunas incipientes huellas de guanaco pero lo que abunda son marcas de grandes rocas que se han desprendido de la pared que tengo sobre mi cabeza. No es un lugar muy acogedor y trato de no demorarme mucho. Al principio parece una buena opción tomar bien por la izquierda subiendo por el acarreo al pie de los paredones de roca para evitar la morena frontal y sus escalones. Pero no se ve si se puede bajar por atrás, por lo que no queda otra que acercarse a la morena, donde apenas son visibles unas huellas de guanaco. Travesía en descenso y vuelta a subir. Paso al pie de la cascadita, mientras gano metros el terreno cada vez se va poniendo más feo. Las rampas de roca asoman bajo la capa de roca suelta que baja de la morena. Mientras subo, pienso “que diferente sería este terreno en otra época del año”, una buena capa de nieve hace maravillas en estas situaciones, permitiendo avanzar rápidamente con grampones.
Desde el valle tratando de estudiar la quebrada del Mogote
Cerro Pan de Azúcar
Río Cuevas con el caudal disminuido por los primeros fríos

Unas decenas de metros más arriba me rindo a la evidencia: hoy no va a ser posible alcanzar este cerro, pero lo peor de todo es que ¡ni siquiera lo he podido ver! Estoy en medio del frente de la morena, en un terreno más feo que complicado, a 3800m y hace rato que el sol pasó por su punto más alto. Sin dudarlo mucho, bajo a grandes trancos los metros ascendidos hasta el fondo del valle. Quizás al alejarme un poco, se pueda ver algo mejor el camino para una próxima vez. Cruzo el río Cuevas, que trae poca agua debido a los primeros fríos, y hago un descanso. Desde abajo se ve un poco mejor el vallecito, que se muestra como un alto tapón de morenas que surge entre dos paredes de roca. No queda otra, habrá que volver en primavera.Descenso tranquilo gozando la quebrada Matienzo que se muestra cada vez más linda. Los inclinados rayos de sol otoñal motiva varias paradas para fotos, mientras lamento no haber traído los pinceles y las pinturas. Mientras regreso, voy pensando en todas las salidas a la montaña que uno vuelve sin alcanzar el objetivo elegido, pero nos queda lo más importante… ¡la excusa de volver a intentarlo!
Arroyo Riecillos
Flora autóctona
Mayor y Menor
Sol inclinado de otoño

miércoles, 22 de febrero de 2017

CUMBRES DE ENTRENAMIENTO I

Cerros Arco (1675m) y Gateado (2111m)

A veces el tiempo disponible para montaña no es el suficiente como para hacer una ascensión, entonces no queda otra que dirigirse al cerro Arco, a pocos kilómetros de la ciudad. Este cerro hoy en día se ha convertido en la “meca” de los que quieren dejar una vida sedentaria y mirar la ciudad desde lo alto y también de aquellos deportistas que entrenan para carreras o montañismo. Este cerro alguna vez fue uno más de la precordillera (así lo llegué a conocer en mi primer ascenso a fines de los 70) pero hoy en día su cumbre alberga innumerables antenas y un camino vehicular surca sus laderas. Así y todo, o justamente gracias a eso, es un objetivo para un gran público que no pertence al colectivo “montañero”. Muchas personas despertaron su pasión por las montañas luego de una caminata matinal al Arco. Así presentado, un domingo nos vamos a encontrar gran cantidad y variedad de personas que lo suben con diferentes objetivos pero con la misma motivación de vivir la montaña.
A fines de los 80, y a poco de inaugurado el camino de 4x4, realicé los primeros ascensos a modo de entrenamiento. En aquel momento, no existía el “Puesto de la Quebrada” y sólo había una tranquera antes de la primera subida fuerte. Con poca información y mucho entusiasmo, nos entrenábamos tratando de subir lo más rápidamente posible a la cumbre. Trotar las pendientes empinadas del camino nos llevaba poco más de media hora desde el comienzo de la primera subida. Hoy en día sigo yendo al Arco a entrenar pero la forma de hacerlo ha ido variando con los años. En 2003 comencé a tomar nota de todos los entrenamientos que hago a fin de conocer mejor mi estado para saber qué objetivo elegir. De esta manera uno puede reconocer mejores y peores momentos y de esta forma no sobreestimar su capacidad. Personalmente siempre estoy “preparándome para”, como en una eterna “pretemporada”. Esto me da como resultado estar en la mejor forma que puedo para disfrutar la montaña. Medir el tiempo en que uno realiza un recorrido tiene como objetivo poder compararse con uno mismo. Así es como en 2004 realizaba el ascenso al Arco en 34’ 30” desde el estacionamiento. El ritmo de ascenso era totalmente anaeróbico, elevando las pulsaciones a 180. Este entrenamiento lo hacía como mucho una vez al mes, a modo de “test”. Así fue como año a año seguí entrenando en el Arco, y viendo también como lógicamente ese veloz ritmo de ascenso iba disminuyendo. Hace poco más de un año, un amigo (corredor “converso” y montañista ) me sugirió hacerlo caminando. Es decir, cambiar el ritmo de correr o trote (donde por un instante los dos pies están en el aire) al de caminata o marcha (siempre un pie está en contacto con el suelo). La exigencia está en hacerlo caminando al ritmo más rápido que podamos. De esta manera comprobé varias ventajas: el ritmo no era tan anaeróbico sino que era más parecido al que tenemos durante nuestras ascensiones en montaña, no había una veloz acumulación de ácido láctico, se entrenaban más grupos musculares al ser un ejercicio más integral ,etc. Y lo más sorprendente es que no tardaba mucho más en llegar arriba. Si actualmente corriendo estaba realizando el ascenso en 40 minutos, caminando podía hacerlo en 42.


Un domingo de verano, a falta de montaña nada viene mejor que ir al Arco. Pero esta vez voy con ganas de hacer un entrenamiento un poco más prolongado y voy con la idea de seguir al Gateado, cumbre que hace más de 10 años que visité por última vez. Esta vez voy con lo mínimo, dos litros de agua y dos barritas de cereal. Dado que la idea es seguir “para atrás”, voy regulando el paso y en 49 minutos llego a la cumbre del Arco. Sin detenerme, sigo al mismo ritmo pasando a los pocos grupos de personas que continúan hacia el oeste. Tengo un vago recuerdo del trayecto Arco-Gateado, pero voy sorprendiéndome como si fuera la primera vez. Este ritmo de marcha rápida permite avanzar velozmente pero a la vez poder ir gozando el paisaje. Van pasando los minutos, voy traspasando morros y portezuelos varios, pero el Gateado se ve aún lejano. Comienza la subida sostenida y ahí me acuerdo que aún falta rato para la cumbre. Trato de no aflojar el ritmo y sigo ganando metros mientras el Arco va quedando atrás. A las 2 horas 15 minutos de salir del auto alcanzo la cumbre del Gateado. La soledad de la cumbre, la brisa fresca, los guanacos que me saludaron al llegar, marcaron la diferencia con la cumbre del Arco. Aquí me tomo 15 minutos para descansar, hidratar y comer algo antes de emprender el descenso. Desando el camino hasta el punto más bajo en el filo entre el Arco y el Gateado y tomo el sendero que baja a la quebrada. En 1 hora 40 minutos llego desde la cumbre al auto. En total fueron 4 horas 10 minutos de actividad para los 20km de recorrido y poco más de 1300m de desnivel acumulado. Mientras bajaba, me convencía cada vez más de las muchas alternativas que ofrece nuestra “olvidada” (para los montañistas) precordillera. Salidas cortas, circuitos de entrenamiento, caminatas relajadas, días de montaña con niños. Sólo hay que elegir la forma de vivirla, nuestra montaña siempre ofrecerá el entorno ideal para nuestras actividades y a muy poca distancia de la ciudad.

RECOMENDACIONES
Si se va en vehículo, es conveniente dejarlo en la playa de estacionamiento del “Puesto de la Quebrada”. Por pocos pesos ($25 a febrero 2017), el auto queda en un lugar cómodo y seguro.
Si nuestro objetivo es el cerro Aspero o realizar alguna caminata en la quebrada se debe avisar a la gente del Puesto ya que son terrenos privados. Si nuestro objetivo es el Arco por el camino vehicular no es necesario avisar de nuestra actividad.
En verano conviene realizar la actividad bien temprano en la mañana para evitar las horas de mayor calor.
Para los que van al Arco por primera vez es conveniente subirlo caminando, respetando nuestra capacidad aeróbica sin exigirnos, parando y tomando líquido las veces que sea necesario.
Si vamos con nuestro perro es conveniente llevarlo con correa para no molestar a otros caminantes.
Para los principiantes que deseen seguir hasta el Gateado, el sendero es evidente y está bien marcado, pero deben saber que se sale de la zona concurrida y accesible del Arco e ingresan a una zona más agreste y  natural (deficiente cobertura celular y sin acceso vehicular). Es conveniente no apartarse de los senderos, muchas laderas que bajan a la quebrada terminan empinándose y presentando riscos y bardas infranqueables.

En el “Puesto de la Quebrada” se puede almorzar, cenar o tomar algo fresco después de la actividad (todos los meses organizan el ascenso al Arco con luna llena, que finaliza en una cena en el puesto).

lunes, 3 de octubre de 2016

PRIMERA ASCENSIÓN AL CERRO CLONQUIS (4604m)

“La montaña que llamaba a ser subida”

Hace varios años ya, cuando estaba en pleno plan de ascenso de las cumbres cercanas a la ruta a Chile, subí el cerro Visera. Este pico, así llamado en el libro Geología del Aconcagua de Víctor Ramos, era hasta ese entonces (año 2010) una cumbre más sin ascensos. Una vez alcanzada la cima, como es mi costumbre, fotografié todo el horizonte de montañas en detalle. Y allí comenzó esta historia… En una de las tantas fotos que capté en ese momento, aparece el icónico cerro Polleras como motivo principal. Y como inevitable motivo secundario, aparece una de las llamativas cumbres de los “Clonquis”. Tiempo después, en una de las tantas tardes de estudiar fotos de montaña, vuelvo sobre esta foto del Polleras. Pero en este caso no me llama la atención ese hermoso cerro sino algo así como un “palito” que aparece en la cumbre del Clonquis en primer plano. Y aquí comienzan las dudas y conjeturas de sí realmente eso es algo dejado por algún montañista. Pasan los años y el cerro “del palito” seguía en carpeta. Descubrir una vía de ascenso no parecía algo sencillo, ya que su fisonomía era similar a la de sus vecinos: su cumbre es un clásico “klippe” (isla tectónica). Y en sus laderas se observan las clásicas bardas rocosas de los estratos que “cabalgan” unos sobre otros. Esto que puede ser el paraíso para los geólogos, puede ser un dolor de cabeza para quienes buscan una vía certera de ascenso al punto más alto. Junté fotos de diferentes ángulos, aéreas y de cumbres vecinas, buscando un camino que pudiera unir los espacios entre las bardas de la vertiente norte.
Contenos antes de partir
Río Tupungato con un caudal atípico para la época
En dos horas llegamos a refugio Río Blanco
Finalmente llega la primavera de 2016 y las obligaciones laborales y personales, me habían mantenido totalmente ocupado. Llevaba tres meses sin salir a la montaña y poco más de un mes sin siquiera poder salir a entrenar. Aún así la motivación por explorar aquel cerro seguía presente. Aprovechando que el amigo Diego Molina viene a la salida de la escuela de Guías de Mendoza, en la que está cursando su primer año, decidimos por fin intentar el ya famoso (para nosotros) cerro. La actividad comienza a las 8 de la mañana de un cálido día de primavera en Punta de Vacas. Allí dejamos el auto y comenzamos la larga aproximación hasta la base del cerro. Luego de un par de horas de rápida caminata, llegamos al refugio de Río Blanco. Es la primera vez que Diego recorre esta zona, y está maravillado con cada detalle del paisaje. Un breve descanso y sin demorarnos, seguimos nuestra marcha ingresando a la quebrada de río Blanco III ó Blanco del Tupungato. Aquí encontramos restos de rodados de nieve que aún cubren el río formando puentes naturales, tal como nos había comentado Don Ibaceta cuando lo cruzamos por el camino.
Rodados en quebrada Río Blanco III
Hacia el Potrero Escondido, al fondo cerro Colorado
Descanso merecido 
Las cumbres que van apareciendo a medida que vamos transitando la quebrada maravillan cada vez más a Diego. El siempre impresionante cerro Colorado (desde el 2015 no más invicto) y el clásico “horn” (forma de cuerno) del Potrero Escondido son el imán necesario para que en menos de 5 horas alcancemos la entrada de nuestra quebrada. Allí hacemos un descanso más largo, cambiando calzado y comenzamos a ganar metros en la fuerte subida de este “valle colgado”.
Marcha forzada para llegar al Potrero Escondido
Fuerte subida en la entrada de la quebrada
Suiza mendocina
Una vez arriba por fin vemos nuestro objetivo: es una de las tres clásicas cimas del cordón del Clonquis que cierra la margen sur de la quebrada del Potrero Escondido. Unas tempraneras vacas adornan el cuadro asemejándolo a un paisaje suizo. La subida se ha hecho sentir y las horas de caminata acumulada también. Son más de las tres de la tarde y aún quedan algunos kilómetros de recorrido hasta el sitio elegido para vivaquear. Hemos optado por ir lo más liviano que posible y de esta manera llevar un ritmo “ágil”. Vamos sin carpa, con un calentador pequeño y eficiente con una sola carga de gas, dos sobres de liofilizado y algunos chocolates y turrones de comida de marcha. El abrigo personal es el justo y necesario; pero no podemos dejar de cargar piqueta, grampones y algo de material de escalada en hielo y roca. Las mochilas rondan los 12 a 15 kilos, peso que nos permite ir bastante cómodos. Hace 20 años que no vuelvo por el Potrero Escondido y no me acordaba las subidas y bajadas de los socavones y cárcavas que aparecen en dos o tres puntos del recorrido. Así y todo es un valle hermoso, muy cómodo para caminar a diferencia de las clásicas “gargantas” de la cordillera frontal.
Valle del Potrero Escondido, izquiera Los Clonquis
Rumbo al vivac, al fondo el Piramidal
A toda máquina ganando metros
Son casi las 6 de la tarde cuando alcanzamos la base de nuestro objetivo. El sol aún nos castiga con fuerza y aprovechamos a sentarnos a tomar algo antes comenzar a fabricar el sitio de vivac. También dedicamos unos minutos a estudiar lo que deberemos subir mañana, pero desde aquí abajo la perspectiva no ayuda. Toda la vertiente norte de este cerro está defendida por “bardas” rocosas que la atraviesan en forma diagonal. La única posibilidad es seguir un cauce que ha erosionado las distintas barreras y que ahora en primavera aún tiene algo de nieve que facilita su tránsito. Sacamos un par de fotos que nos ayudarán a ubicarnos el día de cumbre. Pensando en eso, traigo el celular, con algunas fotos aéreas cargadas que serán indispensables para interpretar la montaña. Una comida liofilizada que nos parece un manjar (es mucho el hambre que despertó la caminata) y después de racionar muy bien la comida que queda y preparar las mochilas para el día de cumbre nos dormimos. Por un momento pensamos en salir muy temprano, es decir de noche, para hacer cumbre a primera hora de la mañana y evitar las posibles caídas de piedras que tiene la ruta elegida. Pero el panorama no es muy claro y la noche sin luna en un estrecho canal con escasa nieve no ayuda. Así que finalmente el despertador queda para las 5, recién a las 5:30 AM estamos despertándonos y 6:40 estamos en marcha.
Pendientes antes del vivac
Guardián de los Valles al atardecer
Cerro Colorado ("cerro arrugado" para los arrieros)
Comenzamos subiendo por el fondo del canal que se halla cubierto de nieve. Ganamos altura rápidamente, pero el entusiasmo dura poco, debemos buscar un camino por una de las márgenes, dado que hay un estrechamiento con cascada de agua incluida. Más arriba volvemos al canal y en algunos sectores las rocas caídas indican el “bombardeo” que sufre a horas del mediodía. Seguimos subiendo hasta una evidente bifurcación donde tomamos el ramal de la izquierda. Aquí la pendiente se acentúa alcanzando los 45° en algunos sectores, pero los “escalones” que forman los incipientes penitentes dan total seguridad. Así es como vamos subiendo sin ni siquiera usar los grampones. Más arriba una nueva bifurcación y volvemos a elegir el ramal izquierdo. El ramal derecho va directo a un estrechamiento bajo los “colmillos”, carámbanos de hielo que vimos desde abajo y nos sirven de referencia. La ruta estudiada en las fotos sigue el cauce-canal hasta la primera bifurcación y luego sube por rampas (de nieve o acarreo) que debemos conectar salvando algunas “bardas de roca”. En la realidad, sino fuera por las fotos que traemos, ¡de esta “ratonera” no es sencillo salir!.
Comenzando al amanecer
Atravesando campo minado
Bifurcación
Subida por el canal elegido

Cómoda subida por nieve dura
Campos de nieve antes de las bardas de roca
El nevé por donde vamos subiendo se estrecha, pasamos al lado de una cascadita y aparece la primera dificultad: hay que atravesar una barrera de roca. El paso es fácil, sólo se trata de unos 15/20m de escalada de III° en unas rampas aplomadas (slabs). El peligro consiste en que no es fácil asegurar (tampoco valdría la pena en esta pendiente) y la roca está cargada de material suelto que puede hacernos trastabillar. Con delicadeza superamos sin inconveniente este primer paso. A la salida, vamos por un pedrero al pie de otra barda de roca más alta. El panorama hacia arriba no se aclara y seguimos subiendo. Después vemos una brecha en la barda que venimos costeando y aprovechamos a dejar las mochilas y escalarla para ver que se ve del otro lado. Este paso es algo más vertical que el anterior, y con una dificultad también de III°. Una vez arriba vemos que lo más conveniente es volvernos a las mochilas y seguir por el mismo canal, no es más sencillo el camino por aquí. Minutos más tarde, luego de destrepar el paso, tomamos las mochilas y seguimos subiendo por nieve. Aquí, como los escalones de nieve van desapareciendo, aprovecho a usar los grampones y la piqueta que hasta ahora habían venido a “pasear”. En pocos minutos más estamos al final de la nieve, que remata al pie de la barda rocosa. El paso a forzar para superarla no es largo ni difícil. Debe tener unos 7 u 8 metros, en roca medianamente firme (para el tipo de montaña que nos encontramos) y no debe superar el III°. La diferencia es que es un poco más vertical que los resaltes anteriores. Una vez arriba, el panorama se aclara y vemos los estratos de roca negra que señalan el fin de las dificultades. ¡Alivio por poder recorrer toda la ruta trazada en la foto y sin grandes dificultades! Como diría Diego, “¡sacamos todo el material a pasear!” a lo que yo agrego, “bueno, veremos si necesitamos algo en el descenso…”Cruzamos nevés, algunos riscos y llegamos a la rampa de acarreo que baja de la cumbre. Aquí el entusiasmo nos lleva a un paso que a nuestro cuerpo le cuesta mantener. Imaginarnos al fin aquí arriba y en menos tiempo de lo esperado (llevamos algo más de 5hs desde el vivac) nos hace estar más que contentos. Los últimos metros es de un acarreo empinado pero fácil de subir. A medida que nos vamos acercando buscamos el famoso “palito”…pero ¡nada! ¡Hemos llegado al punto más alto y no hay absolutamente nada en la cumbre! Estábamos muy seguros de lo que habíamos visto en esa foto donde a pesar de la distancia se distingue perfectamente algo así como un mástil, una vara o un poste. Y la montaña vuelve a demostrarnos que parte de su historia está escondida en sus cumbres… o como en este caso “no escondida” ya que nosotros con nuestro ascenso comenzamos su historia de ascensiones…
Aprovechando que el sol no ablanda la nieve
Costeando la barda
Corta trepada al final del nevé
Durante toda la ascensión habíamos venido pensando si Reichert o alguno de los primeros exploradores de la zona podría haber alcanzado esta cumbre. Aunque no comentan nada en el famoso libro “Exploración de la Alta Montaña de Mendoza”, el palito que se veía de lejos nos llevaba a pensar que podría haber sido subido por algún integrante de sus expediciones o de alguna otra expedición de la época. Pero lo intrincado del recorrido de ascenso y los dos o tres pasos complicados (y que nosotros gracias a la nieve encontramos bastante más fáciles ya que se hallan “rectificados”) nos hacían pensar que era difícil que alguien hubiera subido por esta vertiente. Pero la cumbre tenía la última palabra, el cerro no tenía ascensos y lo que habíamos visto en la foto seguramente era una verdadera ilusión óptica. Y como diría el amigo Lito Sánchez “ese cerro te llamó para que lo subieras”. Y verdaderamente creo que fue así. Un clima espectacular nos acompaña, por lo que gozamos de la cumbre un buen rato. Habíamos llegado a las 12:20, luego de 5:40hs de subida desde el vivac para los 1300m de desnivel. Mientras Diego fabrica la consabida pirca, yo estoy embarcado en las panorámicas y en las fotos en detalle que seguramente serán objeto de estudio en casa. Y de las cuales aparecerán otros “cerros con palito” que nos mantenga entretenidos…Luego nos ponemos a hacer una sopa que nos ayuda a hidratarnos ya que el agua que traíamos se ha acabado. Cabe destacar que durante toda la subida hay pequeños arroyos de deshielo diario, por lo que no hace falta cargar desde abajo mucha cantidad.
Vista al Este
El Centinela desde la cumbre
Contentos a pesar de no encontrar el "palito"
Pirca y cordón de Santa Clara
Panorámica al Oeste
Dejamos nuestro testimonio al pie de la pirca y recién a las 2 de la tarde comenzamos el descenso. La cumbre tiene una altura de 4604m según gps. Hemos traído dos aparatos, por lo que aprovechamos a llevar uno en modo “track” durante todo el ascenso a fin de poder rehacer el camino en el regreso sin inconvenientes. El sol ha ido ablandando la nieve y el único temor para la bajada son las caídas de piedras. Minutos más tarde llegamos al primer destrepe, que hacemos sin inconvenientes, aunque puede instalarse un rappel enlazando un bloque a la izquierda.
Descendiendo los campos de nieve ya blanda

Llegando a la primera trepada
Llegando a la zona peligrosa
Desandamos con cuidado el nevé más empinado y luego tocan los acarreos sobre las rampas de roca. Con cuidado llegamos al borde del otro destrepe. Este es más fácil por ser placas “tumbadas”, pero requieren la misma atención y delicadeza. Y en minutos más estamos abajo. Aquí un rappel es más complicado para asegurar (con algún clavo en el borde la barda) además de tener cuidado por la cantidad de piedras sueltas en las rampas.
Sector de descenso veloz por la caída de piedras
Saliendo del canal, cerca del vivac
Últimos metros de descenso
Descanso en el vivac antes de continuar el descenso
Carrera contra la noche para llegar a río Blanco
Descanso en el descenso para hacer un boulder

Seguimos bajando y viendo como la nieve se ha transformado mucho por el calor del día. Estamos ansiosos por poder salir del sector “bombardeo”. Sabemos que estamos en la peor hora del día. Luego de bajar el canal, nos vamos acercando al sector más peligroso. Allí optamos por dos tácticas: cuando tenemos un lugar donde resguardarnos, uno de nosotros se queda vigilando y el otro avanza hasta el próximo refugio. Y si el tramos no ofrece reparos, bajamos corriendo los dos a la vez rogando que no caiga nada. Minutos más tarde ya estamos fuera del área de peligro, juntando agua al borde de un pequeño campo de nieve. Aquí ya podemos relajarnos, mirando el camino realizado.
Cara de dormido 
Valle del río Blanco en sombras
Desandando el camino hacia el río Tupungato
En el vivac hacemos una frugal picada con pan algo de fiambre y luego de rearmar las mochilas volvemos a ponernos en marcha. La idea es bajar hasta el río Blanco y acortar el último día. Son las 6:15PM cuando nos despedimos de este hermoso lugar y comenzamos la marcha rápida para ganarle a la luz del día. Son las 8PM cuando estamos subiendo el tapón de la entrada. Y media hora más tarde llegamos ya en penumbras al valle del río Blanco. Ha sido un largo día, así que mientras uno derrite nieve (el río trae agua color chocolate) el otro fabrica el sitio de vivac. Comida frugal, charla más frugal todavía y antes de las 10PM estamos roncando.
Marcha forzada
Primavera anticipada
Deshielo y calor
El tercer y último día nos despertamos cuando el cielo ya está claro pero nos movemos recién un rato después. Esperamos al sol para desayunar lo poco que queda. Armadas las mochilas, comienza la larga marcha. A las 10:15AM comenzamos y en poco más de dos horas estamos en el refugio Río Blanco. Una parada más larga para tomar líquido y comer el último bocado. Finalmente llegamos a Punta de Vacas poco después de las 3PM, cansados pero muy contentos por la salida compartida. Fueron dos días y medio de intensa actividad, descubriendo una cumbre más de nuestra extensa cordillera, escuchando a esa cumbre que “llamaba a ser subida”.
Puentes naturales
Brindis con lo que había en el refugio
Larga caminata hasta Punta de Vacas